…Hay esperanza…(Crónica del 4/2/2012)

5 Feb

Días como los de ayer en el Café Teatro Siete de La Laguna devuelven la magia a mi profesión, tantas veces difícil y tantas veces frustrante.

La noche de ayer, 4 de Febrero de 2012 la compañía Abubukaka llenaba de nuevo el Espacio Cultural Aguere, Edson el Regia Comedy y el frío la isla. Todo apuntaba a una velada difícil de poco público y de energía gélida…pero nada más lejos, las sillas se llenaron, y los que no tuvieron sillas se quedaron de pié, ávidos como siempre de reírse de ellos mismos y de mí. Y ahí radica la magia de Banania.

Yo me asombro, gratamente, y me asombro cada vez como si fuera la primera. Nada parece apuntar a este comportamiento hermoso del ser humano cuando esperas en un semáforo y escuchas los gritos animales de otros conductores, la mano ágil al claxon cuando el ambar ofrece su último titileo, la desesperación masiva por ser el primero en una cola y el último en tender una mano. Pero ocurre, y ocurre siempre, que se llenan las butacas y los huecos para reírse de todo con nada, de mucho con poco, de uno y del otro,…hay esperanza.

Anoche un tal Borja bailó como un loco su propia canción improvisada de Ska, “Borja y el cogollo”, dos jóvenes médicos contaron chistes horribles y se rieron de su condición de médicos, un tercero, estudiante de Ciencias del Deporte se dio cuenta de que nadie conocía su carrera y ganó el concurso entre abucheos que le otorgaban el título de “rey de lo peor”, un almeriense al que se le bautizó como “boludo” salió con la sonrisa puesta a que le leyera el futuro, y una chica de Camboya, si si, de Camboya, que no hablaba ni papa de español no dudó en salir a que la hipnotizaran. Un andaluz que se metió al público en el bolsillo hizo gala de su incompetencia para reproducir sonidos junto a otro que hizo todo lo contrario, hacerlo de manera magistral. Una camarera que me dejó con la boca cerrada y Tosco salió a jugar cuando quiso para cerrar una familia de tantos otros que vitoreaban y reían. Desde las tablas pude ver a una familia completa que repite, madre, padre, hija y yerno, todos allí, gentes de todas las edades, de todas las modas, de todas las condiciones y riendo sin condición. Y el siete como testigo.

Mi trabajo es jugar con lo que ocurre, con la realidad casual, con el mínimo movimiento de una cabeza, y deformarlo hasta aplastarlo contra la línea del humor. Pero yo solo no puedo, si no fuera por todas esas personas que vienen con la mente abierta de par en par y los músculos de la cara predispuestos a elongar sonrisas, no habría nada.

Mi trabajo es sencillo, lo podría hacer casi cualquiera. Pero el del público no, para eso hay que poner de su parte, y vaya que si lo hacen, destruyen muros que sobre la acera son inmutables, y uno sueña en noches como la de anoche que ese muro tarde al menos un mes en volverse a reformar.

Porque en noches como la de anoche, de participación, carcajada y familia, uno siente que sirve para algo, para lo que se usa de eslogan en esta profesión tan extraña, “hacer de la vida de la gente, algo mejor”, y resueña con que eso,…dure.

Gracias por vuestra inteligencia, querido público.

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