De cuando éramos sabios

25 Mar

Lee atentamente, concéntrate y olvida tu educación, libérate si puedes de tu personalidad y carácter, de lo que entiendes como “conocido” y de tus verdades inmutables. Lee atentamente pero abre el corazón, intenta recordar que no eres nada como nada soy yo.

Quiero que me entiendas porque de entenderse va la cosa, pero si quieres puedes seguir tu camino con la cabeza alta y ese orgullo podrido que usas de escudo, ya se que no escuchas porque nadie puede iluminarte, ahí radica tu oscuridad y tu falta de talento. Porque el talento, atento, no trata de creerse tus propias mentiras sino de construir verdades imposibles, te repito, es saber, no convencerse, de que nunca jamás en realidad es siempre y todavía. ¿Ya lo sabías?. ¿Y entonces por qué estas más pendiente del “qué dirá la gente” del “que se yo de mi mismo”?, conocerse no es pensarse independiente, ni capaz de machacar la cabeza del que piensa diferente, amarse pasa por amar al resto, sobre todo a quienes no puedes ni ver ni entender. Es jodido, lo se, por eso es grandioso, porque los caminos importantes son los más complicados, y eso no lo inventé yo. No basta con plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. También hay que regar el árbol, releer el libro y educar al hijo. Regar, releer y educar, son tareas mucho más complicadas que plantar, escribir y tener. Las primeras cuestan trabajo, del pesado, del de uno mismo, del que se demora siempre por ver otro capítulo de tu serie favorita. Los segundos se hacen sin querer, deshojando una margarita o con un polvo sin tener mucho cuidado.

Quiero que me entiendas porque de entenderse va la cosa. Que seas guapo, inteligente o fuerte no son méritos sino casualidades genéticas, suertes biológicas. No merecen respeto, el respeto se granjea con el cultivo de la mente y del cuerpo. Como antes, camino complicado y de toda una vida. Puedes seguir si quieres riéndote de mi y de mis palabras, casi sin escucharlas y más pendientes de la broma que puedes crear al término de mi parlamento. Pero la verdad última es que seguirás siendo un ignorante, un paseante sin pena ni gloria por este tiempo que te ha tocado vivir. Y la gloria no es la fama. La gloria es la inmortalidad en la sangre de nuestros descendientes, que aportan saber y experiencia a la raza humana que nos toca perpetuar, hacerla avanzar con nuestro pequeño grano de arena, un pequeño milímetro en el infinito escalón de la inconmesurable escalera de la evolución.

Pero prefieres decir: “no, no”, mirar para otro lado y reafirmar tu mediocridad. Usar el lado del martillo que aprieta más tus clavos y no el lado que los saca y los revisa. Reformar y no volver a construir. Ese es el secreto.

Menos mal que yo no se nada, menos mal que estoy equivocado, porque de tener razón, aunque sea en parte, querría decir que esta raza está casi condenada, a la mediocridad infinita.

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Una respuesta to “De cuando éramos sabios”

  1. Manolo Artiles 28 de marzo de 2012 a 1:18 pm #

    Deja de meterte conmigo

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