Una de paz

8 Dic

Gustar a todo el mundo es imposible, doy fe, por mucho que lo intentes, o sobre todo si lo intentas. La experiencia te susurra que hagas tu camino y que irremediablemente habrá quien quiera andar a tu lado y quien quiera pasar el tiempo poniendo piedritas delante.

El humor es una profesión de esas que por fuera parece una manzana roja deseando ser mordida, pero que, como todo en esta vida, desgraciadamente lleva gusanos dentro.

Porque trabajamos con el ego, no queda otra, y aunque el ego sobreviva en unos estados de conciencia muy determinados, ahí está, pataleando, deseando, añorando, cuchicheando, evitando el movimiento, doliendo y padeciendo.

Dejarlo atrás, junto con la violencia, la soberbia y el odio, es un trabajo de esos que la mayoría piensa que debilitan, porque lo bueno es capaz de doblarse, y eso es complicado de entender. Si esos hombres fuertes, tatuados con camisas apretadas se dejaran doblar, acabarían llorando por su mamá en unos minutos, liberándose de la carga de tantos roles que llevan encima. Ser transparente es arriesgado, mucho más que prepararse tanto para posibles ataques de la vida. Caminar tu camino sin mapa del tesoro, haciendo lo que crees conveniente y consecuente en cada momento deja a muchos atrás, que por miedo a desprenderse de roles y etiquetas no se atreven a volar.

Uno de los mayores peligros de esta vida es la reafirmación de nuestras opiniones aprendidas años atrás, verdades que necesitamos que sean inmutables, porque sobre ellas hemos construido nuestras personalidades. Dejarlas caer como torres gemelas ante el ataque terrorista de un agente liberador es reconstruirse, y eso acojona, porque requiere de la humildad suficiente para saber que uno no es tan adulto como cree, ni tan sabio, ni tan inteligente, ni tan capaz.

Mi gran logro de 2012 es darme cuenta de muchos errores, de muchas verdades que no eran tales. No estoy iluminado, no se confundan, no crean que soy ese del que hablo ahí arriba. Lo único que he conseguido aprender es que me queda mucho por aprender. Y estoy en esa vereda, muy feliz de entender, por fin, que no se nada y que será una hermosa aventura absorber todo lo que pueda antes de abandonar este mundo.

 

Porque al final nos morimos, y todos estos odios llenos de polvo, no nos importarán una mierda, tan solo atenderemos a lo hermoso que fuimos capaces de construir. Eso queda, lo demás, es humo.

 

Paz

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