Archivo | mayo, 2013

Palicando ando

16 May

Un canario no tiene sueño, tiene bobería, es decir, que está como adormilado, como jaquecoso. Cuando está bien despierto, tanto que es demasiado, quizá tontorrón, son comunes los relajos, lo que cualquiera calificaría como una actitud zarpeta.

Un canario no se alonga, porque la cabeza pesa más que el cuerpo, y dice “¿qué pasó?” para coger el teléfono, pero no ha pasado nada, tan solo saluda.

Cuando algo está apestando no es que huela mal, sino que está chungo, y algo chungo es que está mal, pero no como los higos, esos son chumbos.

Bajamos pa bajo y subimos pa rriba porque nuestras ciudades y pueblos se construyeron en pendiente.

Cambado es que está torcido y botado es estar tumbado pero también es “claro que si” cuando es “botado que si”.

Un cayao no es alguien silencioso, sino una piedra lisa por la erosión de las olas, de las que pisas en un circuíto de spa y lo llaman “ruta podo circulatoria”

Chinijo es chiquito y chiquito es fisquito, y fisquito es pequeño.

Embostarse es comer mucho y escacharse es aplastarse, que no aplatanarse, que es sentirse como escachado por la calufa, y quedar hecho un arretranco.

Un fleje es un montón y una fatiga no es tener hambre, eso es un jilorio, sino sentirse un pisco escarranchado, que como te baje la presión te caes y te das un gajo o un taponazo, cuidado con hacerte un geito, hasta que alguien venga con agua y te enchumbe todo.

Hacerse entender es fácil, y lo demás son machangadas, es necesario tener curiosidad y golisnear en las formas del hablar de los pueblos, jeringarse cuando uno se siente rebujado. Pero nuestro lenguaje se deja querer, una lengua de puntales, úselo, no hay que dejar que se ponga rumbriento, que dejar morir lo nuestro es de toletes y totorotas, no se traben, alonguense en los balcones y aleguen y que no se les vaya el baifo, que cada vez que del buche salen nuestras palabras, se oyen voladores.

 

Pa la virgen!

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