Archivo | noviembre, 2013

La mordaza del niño

5 Nov

“No corras”, “ponte la camisa por dentro del pantalón”, “no dibujes por fuera de los bordes”, “la letra ‘a’ se escribe así, no como lo has hecho”, “¿desde cuándo el cielo es verde señor Gómez?”…esa fue la educación de mi colegio, una educación que obligaba a los zurdos a escribir con la derecha, a formar filas militares para volver a clase y medir la distancia entre niño y niño con un brazo de hombro a hombro.

No salirse de la línea era muy importante, no destacar, no causar problemas que se salieran del temario, no tener dudas que estuvieran fuera del recipiente, no hacerse preguntas que no entraran en el exámen.

Y precisamente ahora, en estos tiempos que se arrastran, toda esa creatividad, toda esa duda, toda esa inquietud nada potenciada por los senderos anticuados de la educación, se ha convertido en el valor añadido más deseado por el mercado actual. Porque el talento vende, quizá porque nunca se alimentó, y ahora vivimos rodeados de una mayoría que no tuvo otra opción que no presentar batalla y pasar por el aro de lo establecido y de unos pocos locos que sobrevivieron al bombardeo de toda aquella pintura gris.

Que los colegios fusilen al niño interior para erradicarlo cuanto antes, que intenten hacer florecer al “hombre” y a la “mujer” fuera de temporada, antes de la primavera de cada uno, me parece un crimen similar al de mutilar a un ser humano. Porque privar a cualquiera de su infancia y de sus maravillas es digno de desprecio, no solo porque recorremos cargados de problemas impuestos los años que siempre añoraremos, sino porque el niño es el portador de todas las soluciones de mañana, solo el niño, con la sabiduría del adulto, formando un tándem magistral, pueden resolver con un juego, los enigmas y problemas del futuro.

Porque correr es ahora un trabajo, porque la camisa por fuera del pantalón vende moda, porque dibujar por fuera de los bordes se expone en museos, porque inventar tipografías es elogiado, porque imaginar un cielo verde nos transporta a otros mundos.

 

No pierdas el niño, llévalo de la mano.

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