Archivo | febrero, 2014

Te conozco mascarita

27 Feb

 

Yo fui uno de esos niños con problemas de integración en el colegio. Sumergido en una educación que nunca potenció la creatividad sino la estandarización, los patrones de éxito eran muy marcados y todo lo demás…raro.

Fui un chico que no quería, ni podía ser un hombre “como debe ser”, con sus poses y sus músculos, con sus demostraciones de fuerza moviendo ramas de árbol o escupiendo bien lejos. Fui un pibe que lloraba y que se acomplejaba de sentir las cosas con quizá demasiada intensidad.

 

Pero me probé algunos disfraces. Jugué a ser lo que querían que fuera, y funcionó, quizá por eso acabé siendo actor (o lo que sea que ahora sea).

Fui por ahí camuflado con disfraz de heavy, con disfraz de kinki, con disfraz de serio, con disfraz de hombre, con disfraz de duro…

Pero las cosas que no son de tu talla se rompen antes, y al tiempo, cuando pasaron los granos y los piercings, me quité esos disfraces, aunque siempre queden restos que solo salen con la espátula del tiempo.

 

Ahora, sigo viendo disfraces, en mi y en los demás, son otros, distintos, pero igual de herméticos, que en nada ayudan a acercar, sino a jugar a un juego super aburrido en el que la vida es tan seria, tan fría y tan lejana, y para colmo al final, no hay premio de interpretación.

 

Hay que disfrazarse. De lo que no se es, de lo que no se quiere ser y de lo que te encantaría ser. Jugar a probarse roles para quitarse lo que nos ponen y nos ponemos, aunque sea durante unos días, por lo menos en Carnaval.

Pero volver y no olvidarse que uno es lo que es, y eso es bastante, que no hace falta capa para volar, ni pintarse una sonrisa para sonreír, que no es necesario tela de oso para dar calor, ni medias de rejilla para arrebatar pasiones.

 

Cuidado con la purpurina, que se queda pegada en ti y en todo lo que toques, pero el brillo es falso. Debajo del maquillaje, estamos todos.

 

Feliz disfraz, feliz Carnaval.

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Lo bueno está a punto de empezar

18 Feb

En un mundo cambiante, de información vertiginosa y realidad impactante, nos venden la idea de que todo está perdido y que no tiraremos pa’lante. Vencido lo de abajo, corrupto lo de arriba, quieto lo del medio y enfermos todos de mirada perdida, pero quien lo quiera creer que lo crea, que está todo perdido y todo jodido y todo podrido y todo es tan imposible como dice el del informativo. Dejadme que dude, porque en la duda suele estar el cambio del que se ha dado ya por vencido, salirse un poquito de la linea corriente que dibujan los que suenan a cascabel de serpiente, y pensar que es un truco, el más viejo del mundo, no luches que ya no tiene sentido, pues me niego, me sacudo del miedo, y sigo.

 

Nos venden que estamos todos muertos pero yo les siento vivos, y veo el milagro del pequeño gesto a diario y no precisamente en el telediario. Lo veo en la calle, en mi barrio, lo veo en el saludo cotidiano, en lo sencillo, en el que sin cámaras delante y sin que nadie le mande hace algo pequeño por alguien pequeño y sigue su pequeña vida sin saber que es grande, lo veo en los que te guardan un sitio en la guagua o paran la puerta del ascensor hasta que llegues, los que están a tú lado antes y lo estarán después, lo veo en mi madre y tú en la tuya, que regaló su vida por se la voz que te arrulla, lo veo en los que celebran la vida, en los que opinan pero no critican, en los que desean pero no envidian, en los que se ríen de ellos mismos y no se pican, en los ojos de cualquier niño, en los que celebran el calor y también el frío, y en los que, tengan la edad que tengan, siguen siendo críos.

 

Así que usted no caiga, no decaiga, que no le vendan el nuevo producto del mercado: El fabuloso “Este mundo está acabado”, y cultive usted mismo su ánimo, que si algo se le está moviendo ya la semilla ha plantado. Libérese de las cadenas del miedo a tener miedo y disfrute del miedo hasta que pase, pase de fase, viva el desfase con clase y arrase las frases que hacen que amase su desánimo, mirese al espejo y véase, téngase en cuenta y reescríbase para leerse a los demás, que nuestra felicidad es la semilla que brilla primero un poquito, y a cada instante, más.

 

Así que no le vendan que esto se acaba, ni hablar, que lo bueno acaba de empezar.