Archivo | abril, 2014

Me gustó más el libro

23 Abr

Desde Macondo a Nunca Jamás, haciendo escala en Fantasía y guiado por tortugas sobre elefantes, la magia de las historias contadas emana de los dedos de Raistlin o Gandalf, mientras Fizban busca su sombrero y Potter su destino, las intermitencias de la muerte desaparecen para recordarnos que entre letras, existe la inmortalidad. Da igual si ensayas tu ceguera porque siempre habrá luz y lucidez entre los libros que forjarán los pilares de tu tierra, y nosotros, renglones torcidos de Dios, celebraremos en petite comité nuestra propia conjura de necios para vanagloriarnos de que alguien, algún día, creó una fundación de soñadores para que nos preguntáramos por mil y una noches si los androides sueñan con ovejas eléctricas, o si entre cumbres borrascosas existen al fin grandes esperanzas de encontrar nuestro crimen y nuestro castigo.

Nuestra odisea comienza con el perfume a nuevo de cada cuaderno dorado que cae en nuestras manos, y comienza en nuestra mente una nueva guerra, una nueva paz, un nuevo amanecer de un Sol desnudo.

Porque jamás tendremos, acompañados por las letras, ni cien segundos de soledad, aunque sentiremos lo que un lobo estepario mientras contempla mil soles en el cielo y cometas espléndidos.

Leer es, sin duda, un nuevo mundo sin fin, un plan infinito, es, la crónica de una nueva vida anunciada.

Feliz día del Libro

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No hay trato

8 Abr

Tengo el cerebro a dieta, no le doy a comer lo que me pide, porque suele querer un menú rico en miedos con exceso de fantasías, y es un tanto anoréxico y le da por vomitar hermosas mentiras mientras se sigue viendo hinchado de mediocridad. Y se mira en los ojos de los demás y no se reconoce, y aunque yo le diga que está bien, a él le da por seguir hartándose de historias imposibles que no van a ningún lado, y cuando yo quiero dormir él quiere jugar fuera, y se pone a hacer que lluevan madreselvas y que nos ataquen los extraterrestres, y baja la luna y la mete en mi cama, glotón de quimeras, necesito descansar, le digo, y él, nada, repite en bucle una canción ahogada, insaciable máquina de parir, insportable fábrica de sentir.

El otro día me encontré sudando un arco iris, y cuando agarré la toalla para secarme la boca, en vez de boca había un tobogán que llegaba, a través de un elaborado hormiguero, hasta el principio de un libro en blanco, y yo era la pluma, y yo era la mano, y yo era el que leía y la tinta al mismo tiempo. Grité para despertar y estaba gritando despierto a mi mismo mientras dormía, soñando que alguien me gritaba mientras se veía dormir.

Imposible.

Hemos hecho un pacto mi cerebro y yo, él sigue soñando en horario flexible sin horas extras, y a mi me deja vivir.

Pero no, por ahí se acerca otra historia, lo siento, no hay trato, me voy volando.