No hay trato

8 Abr

Tengo el cerebro a dieta, no le doy a comer lo que me pide, porque suele querer un menú rico en miedos con exceso de fantasías, y es un tanto anoréxico y le da por vomitar hermosas mentiras mientras se sigue viendo hinchado de mediocridad. Y se mira en los ojos de los demás y no se reconoce, y aunque yo le diga que está bien, a él le da por seguir hartándose de historias imposibles que no van a ningún lado, y cuando yo quiero dormir él quiere jugar fuera, y se pone a hacer que lluevan madreselvas y que nos ataquen los extraterrestres, y baja la luna y la mete en mi cama, glotón de quimeras, necesito descansar, le digo, y él, nada, repite en bucle una canción ahogada, insaciable máquina de parir, insportable fábrica de sentir.

El otro día me encontré sudando un arco iris, y cuando agarré la toalla para secarme la boca, en vez de boca había un tobogán que llegaba, a través de un elaborado hormiguero, hasta el principio de un libro en blanco, y yo era la pluma, y yo era la mano, y yo era el que leía y la tinta al mismo tiempo. Grité para despertar y estaba gritando despierto a mi mismo mientras dormía, soñando que alguien me gritaba mientras se veía dormir.

Imposible.

Hemos hecho un pacto mi cerebro y yo, él sigue soñando en horario flexible sin horas extras, y a mi me deja vivir.

Pero no, por ahí se acerca otra historia, lo siento, no hay trato, me voy volando.

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