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Se puede decir más alto

12 Oct

shout

 

¿¡ME OYES!?

Gritó lo más fuerte que pudo.

¿¿¡¡¡ME OYES!!!??

Casi se desgarró la voz esta vez.

¿¿¿¡¡¡HOLA!!!???

Una lágrima desesperada se escapó de su ojo derecho, no sé si por la propia exasperación o por la presión a la que sometía a su cuerpo en cada grito.

¡¡¡¡POR FAVOR, QUE ALGUIEN ME ATIENDA!!!!

Como ya no podía gritar más alto, se subió a un taburete en un intento atormentado de que su llamada provocara atención. Movía también los brazos y el tronco de manera bastante absurda.

No se engañen, lejos de estar solo, lo rodeaban  cientos de personas, paseaban a su lado y se tapaban los oídos para evitar el aturdimiento de su ronquera y su aliento a bilis de antes de ayer. Él, riendo con rabia, les señalaba y hacía comentarios muy ácidos:

¡¡CLARO!!, ¡¡TU SORDERA SE DEBE AL MEDIOCRE TÍMPANO ACOMODADO EN TU APLANAMIENTO MENTAL QUE TUVISTE EN SUERTE AL NACER!!

¡LOL!, añadía para sonar a la última.

A cada frase, miraba alrededor, rezando por dentro para que alguien pudiera valorar su intelecto, tantos años denostado y poco alimentado con recompensas.

Colocó una escalera sobre el taburete, se subió a ella y siguió:

¡TE ODIO PAPÁ! (pensaba con un recuerdo atorado como una espina infectada en un rincón imposible de rascar de su cabeza.)

Ahora puso un sofá en vertical sobre la escalera sobre el taburete.

¿POR QUÉ NO SOIS INTELIGENTES Y ESCUCHÁIS LO QUE TENGO QUE DECIR? ¡MEDIOCRES!

Un cubo sobre el sofá vertical sobre la escalera sobre el taburete.

¡¡SÓIS TAN PEQUEÑOS!!

Su ego herido sobre el cubo sobre el sofá sobre la escalera sobre el taburete.

…sinceramente seguía gritando pero ya no entendía que decía.

Yo pasé frente a él de casualidad, ni siquiera debería estar allí, pero las cosas suelen pasar por algo y me detuve a escuchar que tenía que decir.

  • ¿Qué pasó?
  • ¿¡QUÉ!? (bajó un poco)
  • Digo que qué pasó.
  • ¿¡ME OYES!? (bajó otro poco)
  • Claro, yo y todo el planeta, gritas mucho, baja de ahí y hablamos.
  • …e…
  • Baja, venga, hablemos.

Se quedó sobre el taburete, casi un infinito minuto en el que casi podía escucharle pensar. Temeroso, poco acostumbrado, pesado como un plomo inseguro, me dijo:

  • ¡NO!

Y me fui, porque me acordé que recordaba este cuento, hay personas que solo pueden decirlo más alto, pero no más claro.

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El Mesías perdido

22 Sep

¿Qué hago?,¿se exactamente a dónde voy con mi aparente seguridad o solo hago que conozco el camino entre una multitud perdida que busca un as de guía tanto como lo hago yo?.

¿A dónde dirige esta aparente firmeza?.

Saco palabras de mi boca con la vehemencia de quien conoce algunas respuestas, y adorno las verdades para convertirlas en magia. Los conejos de mi chistera tienen hambre y cada vez me cuesta más inventarles una zanahoria.

Dibujo con el dedo en el aire varitas, pero la última tenía fallos de fábrica y la batería se agotaba cada par de horas, la llevé al servicio técnico y allí me dijeron que me fuera, que aquello era una panadería…”loco de mierda”, agregaron.

La gente me sigue, en hordas, esperando respuestas a preguntas mudas, yo no se cuál es el sentido de la vida, ni siquiera cual es el sentido de esta calle, por eso pitan los coches.

He perdido la frescura, ahora ando con un calor de muerte a cada frase. He perdido la falta de respeto y ahora mido cada parábola. Estoy escribiendo una biblia con los bordes dorados, está en blanco, espero que entiendan el mensaje.

No me busquéis en templos de piedra, no me busquéis dentro de vosotros. Buscaos a vosotros mismos, dentro de cada mesías hay un discípulo, dentro de cada discípulo, hay un mesías.

El otro día me enamoré, ella era como una desconocida que conocía de siempre, le compuse un poema improvisado mientras seguía su paso acelerado caminando de lado, para poder pegarle cada frase a la cara. Nada me hará creer que alguna de aquellas profundas muestras de repentino amor no calaron en lo más hondo de su ser, ni siquiera la orden de alejamiento.

Soy feliz, aún clavado en esta cruz que sostengo y me sostiene. Me necesita tanto como yo a ella, su dolor me hace sentirme vivo, mientras muero.

No malgastes la vida buscando a Dios, ni intentando complacerle, si existe no es lo que quiere, y si no existe,…

Tú eres Dios.

No se puede

27 Feb

Desgraciadamente no se puede, hacer una dieta en la que no ruede,

Salir viernes sábado domingo y jueves

Y que me pidas que el Lunes esté radiante por que no se puede.

Desgraciadamente todavía no se puede, no se puede y no se puede,

Pedirme que sonría, que esté depilada, fresca y que juegue

A ser miss “lo que el pueblo quiera” por que ni quiero ni se puede,

Por que los años, las miradas y los mangos de las bolsas duelen,

Por que donde único me saludan es en el seven eleven.

 

Son las típicas historias…

– Disculpe señorita que la turbe y la moleste pero no puedo dejar de preguntarle de donde diablos sale esa peste.

– Lo siento es mi bebé, es que ya son más de las tres, y entre la compra, la comida e ir al colegio a recoger…

– Siento interrumpirla pero ese es su problema, esto es transporte público y no está sola en el planeta, mi nariz y la del resto tienen derecho a respirar, ya es bastante con el sudor general, como para que ahora usted lo venga a aderezar.

– Sería tan fantástico, no tener que depender, de justificar lo innecesario y mucho menos de lo que usted no puede entender, sería muy hermoso poderle responder, ya que esto que ahora digo no lo digo, lo pienso mientras me disculpo ante usted….lo siento… pero realmente lo que pienso que es que ya quisiera verle con todo esto a cuestas, por que cuesta y no me acuesto hasta mucho después de lo que lo hace usted, sería tan hermoso hacerle comprender, pero no se si es imposible o no me importa, no lo sé. Lo que si se, es que…desgraciadamente no se puede.

– El qué?

– Hacerles entender.

 

–       Cada mañana me levanto muy temprano, desayuno brazos en arco mirando desafiante la obra de enfrente, los veo trabajando y ya los odio de repente. Me visto y pienso en ellos, me pondré el abrigo y hasta gorro, lo que sea por no escucharlos. Pero cuando bajo por la calle muy despacio, mirando al suelo, casi les huelo antes de que comiencen a gritar:

–       Guapa!…ven pa’ca!

–       Y me sonrojo y quiero que se caiga su andamio, no es posible, en que mundo vivimos, neardentales unineuronales de limitadas capacidades mentales, descarados enmascarados con tierra, cemento y demás materiales.

Así fue durante años, pero un día al pasar, tenía preparado el gesto de desprecio cuando…cuando…solo me acompañó el silencio. Y sabes qué?…empecé a preguntarme si ya no les gustaba, no es que me importe pero…¿por qué ya no me gritaban? Desconsiderados, maleducados, que se creen?, que pueden maltratarme?, bailarme el agua y después dejar ahogarme?

 

– ¿crees que se puede entenderlas?, desgraciadamente…no se puede.

Él y Ella

14 Feb

Encantado de conocerte…

Él dibujaba trozos de cielo mirando el techo.

Ella esperaba frente a un reloj parado y susurraba “tic, ..tac…tic, ….tac” a ritmos desacompasados que nada tenían que ver con el pulso real del tiempo que el hombre lleva intentando medir toda su historia.

Él agarraba pedazos de aire con las manos y los lanzaba a un lienzo roto que tenía, con un agujero en el centro. “Arte efímero” lo denominaba, con aquella sonrisa idiota que te cautivaba.

Ella se despertaba pensando siempre que era el día de Reyes y corría, cada mañana, ilusionada como una niña, hasta el salón. Y lejos de decepcionarse al ver que allí no habían regalos, descubría algún objeto que había olvidado que tenía y decía: “ahí está, justo lo que quería”.

Él se acostaba justo cuando ella despertaba, y soñaba que repartía objetos olvidados a personas olvidadas.

Estaban destinados a jamás conocerse, estaban destinados a nunca encontrarse.

 

Yo supe de ellos por separado, no importa donde, y se unieron un día en mi cabeza, en esa parte del imaginario donde se forjan las más hermosas historias, un día que me senté a escribir unas palabras.

En el papel comencé a describirlos, envueltos en metáforas, porque ellos eran muy metafóricos, imposibles de definir con datos concisos y prácticos.

Y en el papel los acabé presentando tras describirlos; Él, esta es Ella, Ella, este es Él.

 

Puede que se enamoraran irremediablemente o puede que ni siquiera se dieran cuenta de que estaban uno frente al otro, no lo se la verdad, dejé de escribir sobre eso para darles algo de intimidad entre la tinta de estas otras palabras que están escritas, solamente, para que no mires arriba, al inicio de este relato, donde Él y Ella andan conociéndose ahora mismo.

 

“La historia incontable del hombre alto”

5 Dic

Era la historia incontable del hombre alto…era esa, la que te acabo de contar, ¿no la oíste?, es imposible de repetir, la improvisé palabra a palabra, no..no…no insistas, no sabría volver a hacerlo…¿en serio no la oíste?, que lástima por que me quedó exquisita. Para una vez que salgo contento de un relato inventado por mi…y además te miraba a los ojos mientras lo componía instante a instante, me inspiraba en ellos, en ambos, una palabra para el derecho, otra para el izquierdo y así… y cuando creía que me iba a quedar sin la siguiente frase bajaba la vista hasta tu boca y ahí estaba, ahí, entre tus labios, sabía lo que había de pasarle ahora a aquel hombre alto que encontré aquella vez…

Lástima…era una historia con un principio hermoso, te prometo que inventé nudos que se anudaban sobre otros nudos, rizos y vueltas de tuerca que me sorprendían hasta a mi que los contaba…hasta a mi que los paría sobre la marcha…desenlaces que no eran tales, sino nuevos nudos que llevaban a nuevos desenlaces….era casi novelístico…la historia del hombre alto…¿y la moraleja?, ¿tampoco recuerdas la moraleja?, fue lo mejor de la historia, la encontré en un momento de vacío al deletrear el FIN, te dije, efe i ene, y me diste un abrazo con las manos como pesadas, como posadas más bien, ¿ya andabas dormida entonces?, jajaja, bueno…en ese abrazo estaba la moraleja, no sabría explicártelo ahora pero, ahí estaba, se trataba de eso, la moraleja me la diste tú, no se si me explico, la moraleja era ese abrazo cadente, tranquilo, de sueño, la moraleja era que me dieras algo de repente y sin pedirlo, la moraleja era querer darme un abrazo, necesitarlo, no se…querernos supongo que era parte de la moraleja, o ella en si misma.

La historia incontable del hombre alto, si…recuerdo que un hombre alto aparecía, eso si, pero no era la base de la historia, era circunstancial, algo casual, era un desencadenante como lo es la incontable historia del hombre alto. Es decir, me explico, la imposibilidad contrastada de poder contarte la incontable historia del hombre alto es un desencadenante para contarte la historia del recuerdo de una historia incontable sobre un hombre alto que no puedo recordar. Y es curioso, ¿sabes?, me sentí escuchado, sentí que me escuchabas y aunque andarás dormida se que me escuchabas, quizá en tu inconsciente, en esa maquinita preciosa que mezcla imágenes y crea sueños llegaran rebotadas algunas de mis palabras, con suerte alguna frase completa, y esas son las que más les gustan a los que rellenan esas maquinas, las palabras caídas medio roídas que se esconden detrás de una pila de ideas olvidadas. Esas son las que más les gusta mezclar con alguna foto de mis manos y un clip de video pequeñito de cuando tenías 5 años y corrías a los brazos de tu mamá. A ellos les encanta, quizá un hombre alto con manos grandes haga algún día que una niña de 5 años corra hacía ti llamándote mamá. Quien sabe, ya te digo que a esos operarios de sueños, a esos fontaneros del alma, les encanta jugar al collage imposible que creemos surrealista, pero que ellos entienden a la perfección.

Pero no te preocupes, me se millones de historias incontables que me quedan por no contarte. Tengo apuntados millones de cuentos aún no escritos y ni siquiera imaginados para contártelos al oído justito para que escuches dos o tres palabras y caigas dormida a hacer trabajar a esos mezcladores de archivos multimedia.

Conozco la del perro gigante que es devorado por un gato diminuto. La del cigarrillo que se fumó a un hombre y que se volvió adicto, y que para dejarlo tuvo que hacerse adicto a los parches de humanidad. O también la del pianista sin dedos, que tocaba con lagrimas, y su música solo podía escucharla una mujer de pestañas tan largas que vibraban con el romper de la lagrima contra la tecla del piano. Esa es preciosa, por que el lloraba por ella, pero lloraba de alegría. También era un tipo alto.

Millones te digo, se millones de historias que todavía no me se. La del teléfono móvil de un tipo al que nadie llama, y que decide llamarse a si mismo para hacerse feliz. De como se dio cuenta de que no servía para nada poder sonar con alegres melodías si no podía comunicar nada…y de como usó su última raya de batería para vibrar hasta la taza del váter y…bueno, de esa creo que conoces el final.

La de la foto que creía ser un marco para otra foto, la del viaje por dentro de ti, una preciosa sobre un abrazo a un cuenta cuentos mudo, la del tango más hermoso del mundo, que se bailó con una pareja separada por siete kilómetros, sin moverse y sin darse cuenta de que lo bailaban. La historia de las palabras perfectas, donde bebé, more, niña, perfecto y precioso tienen unos trasfondos que me erizan la piel.

Me se mil historias mi amor, una por cada célula de tu cuerpo, dos por cada instante sabiéndome amado por ti y tres por cada instante sintiendo que te amo de la manera en que te estoy amando. Infinitas historias, todas incontables, las que ya te conté y las que me quedan por contarte, es tal el número de ellas, que algunas, muchas, me las estas contando tú. La de un canario atacado por un canario. La de un chino diminuto que vivía dentro de un ordenador portátil tan antiguo como sabio. La de una diosa que vivía modestamente en un pequeño piso de una pequeña ciudad con un compañero imaginario. La de una historia de amor que titulaste “la historia que solo tenía título” mientras me contabas callada entre risas que era imposible escribir algo como eso, que no había palabras, y no podías escribir gestos.

Siempre habrán mil historias que abran tus labios, tus ojos

Siempre habrán mil historias que los cierren

Siempre tendré una historia para tu oído así como tu tendrás un beso para mis labios, una idea para las mías, un bastón para tus bajadas y un cohete para tus subidas.

Siempre tendré un dedo para tu curva, una mano para tu precipicio, un ala para tu ala, una lengua para tus lagrimas.

Siempre tendrás una cama para mi cuerpo, una sonrisa para mi broma poco afortunada, una duda para lo indudable y una teoría para la práctica.

Siempre tendremos tiempo…y ahí lo tendremos todo.

Amor…me se mil historias, y la más hermosa de ellas, la escribes tú ahora…y ahora….y ahora…y ahora…y ahora….

Aunque la mejor que me se es la incontable del hombre alto, que conste.

Ese día, existe.

6 Nov

Existe ese día, créeme, existe. Ese día en el que frenas casi en seco, miras arriba, a cualquier copa de cualquier árbol, y te das cuentas de que este no es el ritmo.

Ya te lo venía diciendo tu corazón, y esa sensación oxidada por las mañanas, esas ganas menguantes y ese pensamiento soterrado, ya sabes, el de: “¿era por aquí?”

Pero el día llega, confía en mí, el día en el que de verdad sueltas lastre, y te liberas, dejando atrás todo lo que eso “parece” que significa. Es sencillo pero hay que ser valiente, porque va en contra de verdades cerradas y soldadas en la cabeza, va en contra del “macho” que tenías que ser, va en contra del “éxito” que tenías que tener. Pero recuerda que sobre todo, va en tu contra.

Y mientras te paras, los últimos coletazos de resquemor te atacan, yo no creía en estas cosas, esto era de jipis y new ages, suerte que cuando te liberas, también abandonas las etiquetas.

Y ahora ya nadas, buceas y disfrutas, los problemas se disuelven como agua con tierra en las manos, más agua que tierra, dejando las pequeñas partículas de oro a la vista, que siempre habían estado ahí.

Existe ese día, confía, hijo, y solo espero que no sea demasiado tarde.