Tag Archives: Aarón Gómez

El juguete de mi infancia

18 Feb

Santa Cruz es un asco, lo sabemos, huele mal, admitámoslo, no hay movimiento cultural, es una ciudad dormitorio, es vieja pero no lo suficiente para ser interesante, es nueva pero no lo suficiente para ser moderna. Es pequeña pero no como para tener el encanto de un pueblo, es grande pero no como para gozar de la impersonalidad de una gran ciudad.

Pero aquí me crié, en el barrio Duggi, corriendo por Serrano, patinando por Castro y jugando partidos de fútbol en una calle empinada, 18 de Julio, cuando conservaba aquella acera ancha en la que nadie quería cubrir la portería de abajo, porque tocaba correr a por la pelota hasta debajo de cualquier coche.

Cursé adolescencia en el Sanabria, con tantos rincones secretos y una plaza de la tortuga que nunca tuvo tortuga en aquellos tiempos. Vigilados por la tetuda, con olor a frutos secos en el suelo pegajoso, midiendo mis éxitos por la cantidad de escalones que era capaz de saltar.

Y entre salto y salto descubrí el Toscal, con sus calles escondidas con la esencia de esta ciudad, objetivo deseado de cualquier fotógrafo, con casas de puertas abiertas, de mujer en bata, de regadera y geranio.

Y jugaba en el campo de tierra al lado de estadio, mitad campo, mitad parquing. Y subía y bajaba las calles fortaleciendo muslos, los chicharreros tenemos los mejores muslos de Canarias, porque si quería socializar había que ir hasta la “U”, allá por donde atracan los barcos, y escondernos tras los cristales para fumar un cigarro entre toses.

Y si viene tiempo sur nos quejamos, pero si las nubes se quedan atrapadas en Anaga sabemos que ahí está el Alisio, bondadoso compañero. Y vemos claramente lo que pasa en la isla de enfrente, desde la ventana de nuestra casa.

Y nos conocemos todos, aunque sea de vista, y tocamos el amable tacto de la corteza en cada calle, y sentimos nuestra la rambla, donde es obligatorio alzar la cabeza a modo de saludo silencioso a cada par de pasos.

Santa Cruz no es, posiblemente, la mejor ciudad del mundo, pero es el juguete de mi infancia, me cuidó para que fuera lo suficientemente bueno como para haber sido criado en un pueblo y lo suficientemente avispado como para haber sido criado en una ciudad. Con el mar a tiro de braza, con la arena de la playa metida en el ADN, con historias en cada portal, en cada esquina, no hay una calle de esta ciudad que no haya vivido algo conmigo.

Santa Cruz. Un trocito de todo en medio de un trocito de nada en el medio del mar.

Gracias por carecer de callejones sin salida.

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Los Modernos

10 Nov

Se arrastran por las calles céntricas de ciudades con un índice de población suficiente como para encontrar a sus víctimas. Su alimento favorito son las orejas, sobre todo del sexo opuesto. Tienen alguna habilidad artística poco o medianamente desarrollada, y adornada de manera que parezca de un nivel superior…pero no. Han estudiado la manera de caminar, de mirar, de no bailar, de agarrar un cigarro y una copa. Cada pelo, por desbaratado que parezca, está puesto en su lugar exacto, cosa que comprobarán cada poco tiempo en espejos, reflejos de escaparates o ventanas de coches.

Son, los modernos.

Más falsos que una moneda de tres euros, con gesto de haber vivido tanto, con una carga dramática intensa y una inteligencia abrumadora, datos en la boca, de Wikipedia o el País semanal, y una opinión definida a cada tema de actualidad, normalmente en la tangente de la lógica global, porque ser global es malo, por más globales que los modernos sean.

Es una moda más allá de la moda, que sufre por estar encima del que esté encima de la cresta de la ola, que recuerda sospechosamente a los cocainómanos, todos hablando sin escucharse, con muchos proyectos bajo el brazo que se marean día si y día también entre cervezas en cualquier bar que huela a fabrica de bohemia.

Siempre quisieron ser parte de la movida romántica-artística, pero no lo vivieron de verdad, así que se lo han inventado, y como suele pasar en los peores casos, se lo creen.

Tuitean contra el sistema y sus estados en las redes sociales son de lo más comprometidos, siempre con esa mezcla entre periodista enviado especial y cronista económico con la solución a todos los problemas. Mirada de medio lado y muchos y buenos amigos, todos con talento, guapos y con toda la vida por delante.

Decir que los artistas (de verdad) suelen tener miles de taras sociales, que suelen estar sufriendo por cada aleteo de mariposa, estresados porque los segundos pasan y el corazón puede que pare. Quedándose calvos de pensar y trabajando, siempre trabajando…es perder el tiempo. Porque quizá no se han dado cuenta, modernos, que lo que estáis haciendo es vivir vuestra pubertad (cercana o tardía), con una excusa nueva, otra moda más, que me parece perfecta, pero que desde lejos resulta lamentable.