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Feliz Niño Nuevo

24 Dic

Jugar no está prohibido, no le tema usted al qué dirán si me quito la corbata, nadie espera que usted sea un bastión con bigote muy comprometido con la situación actual. Ármese de valor y dinamite su mal genio con cartuchos hechos de plastilina de colores. Si quiere seguir amargado por el futuro, hágalo, pero al menos intente divisarlo con un catalejo construido con un rollo de papel vacío. Empuñe una espada hecha con ramas para luchar contra sus enemigos, que bien podrían convertirse en monstruos de dos cabezas. Levante murallas hechas con mantas, vuele en aviones con forma de tenedor, construya límites pasando el pie por la arena y sáltese las normas, o al menos, modifíquelas según precise el juego.

Repítase, puedo ser un niño a ratos, aunque le escandalice, aunque es lo que le dijeron que tenía que dejar de ser, juegue al escondite con sus temores y a la cogida con sus sueños olvidados. No se tome nada demasiado en serio, porque los niños saben apagar los telediarios e inventar soluciones para mejorar el rato.

Es por esto que cuando dos pequeños se enfadan al poco vuelven a jugar, porque les vale más la diversión que el orgullo, y a mí me da que el sentido de la vida va a ser eso de pasarlo bien, lo demás tiene jodida solución.

Por todo esto, repítase ahora que jugar no-está-prohibido, puede usted traer perros, gritar todo lo que quiera y joder con la pelota. Puede, que digo, DEBE ser aquel loco bajito que todavía pulula por sus vagos recuerdos y tumbarse boca arriba a dejarse carcajear. Extienda los brazos y haga el ruido de la hélice con los labios, tape la Luna con el pulgar, haga chistes malos, salte en los charcos, baile como un idiota en el salón con la música más liviana y ría, como un auténtico estúpido, verá que bien, que la reír es como bailar con la boca.

Feliz niño de nuevo. Feliz Vida Entera.

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La mordaza del niño

5 Nov

“No corras”, “ponte la camisa por dentro del pantalón”, “no dibujes por fuera de los bordes”, “la letra ‘a’ se escribe así, no como lo has hecho”, “¿desde cuándo el cielo es verde señor Gómez?”…esa fue la educación de mi colegio, una educación que obligaba a los zurdos a escribir con la derecha, a formar filas militares para volver a clase y medir la distancia entre niño y niño con un brazo de hombro a hombro.

No salirse de la línea era muy importante, no destacar, no causar problemas que se salieran del temario, no tener dudas que estuvieran fuera del recipiente, no hacerse preguntas que no entraran en el exámen.

Y precisamente ahora, en estos tiempos que se arrastran, toda esa creatividad, toda esa duda, toda esa inquietud nada potenciada por los senderos anticuados de la educación, se ha convertido en el valor añadido más deseado por el mercado actual. Porque el talento vende, quizá porque nunca se alimentó, y ahora vivimos rodeados de una mayoría que no tuvo otra opción que no presentar batalla y pasar por el aro de lo establecido y de unos pocos locos que sobrevivieron al bombardeo de toda aquella pintura gris.

Que los colegios fusilen al niño interior para erradicarlo cuanto antes, que intenten hacer florecer al “hombre” y a la “mujer” fuera de temporada, antes de la primavera de cada uno, me parece un crimen similar al de mutilar a un ser humano. Porque privar a cualquiera de su infancia y de sus maravillas es digno de desprecio, no solo porque recorremos cargados de problemas impuestos los años que siempre añoraremos, sino porque el niño es el portador de todas las soluciones de mañana, solo el niño, con la sabiduría del adulto, formando un tándem magistral, pueden resolver con un juego, los enigmas y problemas del futuro.

Porque correr es ahora un trabajo, porque la camisa por fuera del pantalón vende moda, porque dibujar por fuera de los bordes se expone en museos, porque inventar tipografías es elogiado, porque imaginar un cielo verde nos transporta a otros mundos.

 

No pierdas el niño, llévalo de la mano.