Archivo | octubre, 2014

No pasa nada

12 Oct

Al final, nunca pasa nada.

Después de la primera nalgada, con ese primer trauma que parece insuperable, viene una nueva curva cerrada.
Y te sientes cargado, hastiado, con sobrepeso de piedras de lastres de nudos de cuerdas mojadas de anclas pasadas. Y el hoy, ese cabrón sincero, te escupe en cada selfie que no tienes tanta confianza como te creyeron.

Dale a ‘me gusta’, que si no me tiro por la ventana. Ríe, aplaude que si no ¿qué va a ser de mi?: nada. Tendré que escribir una triste canción vana, o este post en mi diario público de madrugada, intentando, hoy también, y mañana, desnudarme a ver si me recuerdo…

Pero no…al final, nunca pasa nada. Cierras los ojos con todo, los abres sin nada.

Y llega el primer beso robado, y la primera carta de un abogado y el portazo regalado del futuro que, chas, mientras leías se convirtió en un nuevo pasado. Pesado. Burro de carga de alforjas requintadas de mensajes sin contestar por falta de ganas. Palabras. Vacías gracias llenas de rancias sonrisas, autoestimas agasajadas, reacciones que son grandes cagadas.

Y no-pasa-nada

Que si el político repite y tu tienes tu desquite, pues oye, pues vale, pues nada. Que si hace calor, bueno, mientras no sea lava. Que si llego a fin de mes aunque sea a rastras, pues envido, que me quiten lo comido, y miro palante y yo, mi, me, conmigo.

Y sigo.

Que no tiene solución si desde el más bueno al más cabrón no estamos al menos de acuerdo en esto: que a todos nos espera un destino funesto, y como todo, lo bueno y lo malo se acaba, recuerda, no tengas miedo, que el miedo hace a los malos y no hay por qué tenerlo, porque total, son miedos de almohada, y querer ser es ya serlo.

La vida nos tiene de manos atadas rumbo a una muerte anunciada. Pero da igual, disfruta a pasitos y no a zancadas, que al final…
No pasa nada.

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Se puede decir más alto

12 Oct

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¿¡ME OYES!?

Gritó lo más fuerte que pudo.

¿¿¡¡¡ME OYES!!!??

Casi se desgarró la voz esta vez.

¿¿¿¡¡¡HOLA!!!???

Una lágrima desesperada se escapó de su ojo derecho, no sé si por la propia exasperación o por la presión a la que sometía a su cuerpo en cada grito.

¡¡¡¡POR FAVOR, QUE ALGUIEN ME ATIENDA!!!!

Como ya no podía gritar más alto, se subió a un taburete en un intento atormentado de que su llamada provocara atención. Movía también los brazos y el tronco de manera bastante absurda.

No se engañen, lejos de estar solo, lo rodeaban  cientos de personas, paseaban a su lado y se tapaban los oídos para evitar el aturdimiento de su ronquera y su aliento a bilis de antes de ayer. Él, riendo con rabia, les señalaba y hacía comentarios muy ácidos:

¡¡CLARO!!, ¡¡TU SORDERA SE DEBE AL MEDIOCRE TÍMPANO ACOMODADO EN TU APLANAMIENTO MENTAL QUE TUVISTE EN SUERTE AL NACER!!

¡LOL!, añadía para sonar a la última.

A cada frase, miraba alrededor, rezando por dentro para que alguien pudiera valorar su intelecto, tantos años denostado y poco alimentado con recompensas.

Colocó una escalera sobre el taburete, se subió a ella y siguió:

¡TE ODIO PAPÁ! (pensaba con un recuerdo atorado como una espina infectada en un rincón imposible de rascar de su cabeza.)

Ahora puso un sofá en vertical sobre la escalera sobre el taburete.

¿POR QUÉ NO SOIS INTELIGENTES Y ESCUCHÁIS LO QUE TENGO QUE DECIR? ¡MEDIOCRES!

Un cubo sobre el sofá vertical sobre la escalera sobre el taburete.

¡¡SÓIS TAN PEQUEÑOS!!

Su ego herido sobre el cubo sobre el sofá sobre la escalera sobre el taburete.

…sinceramente seguía gritando pero ya no entendía que decía.

Yo pasé frente a él de casualidad, ni siquiera debería estar allí, pero las cosas suelen pasar por algo y me detuve a escuchar que tenía que decir.

  • ¿Qué pasó?
  • ¿¡QUÉ!? (bajó un poco)
  • Digo que qué pasó.
  • ¿¡ME OYES!? (bajó otro poco)
  • Claro, yo y todo el planeta, gritas mucho, baja de ahí y hablamos.
  • …e…
  • Baja, venga, hablemos.

Se quedó sobre el taburete, casi un infinito minuto en el que casi podía escucharle pensar. Temeroso, poco acostumbrado, pesado como un plomo inseguro, me dijo:

  • ¡NO!

Y me fui, porque me acordé que recordaba este cuento, hay personas que solo pueden decirlo más alto, pero no más claro.